domingo, 14 de septiembre de 2014

Audrey Hepburn, Alfred Hitchcock o la máxima calidad del cine clásico.

El cine ha cambiado enormemente desde que comenzó un 28 de diciembre de 1895. Por este arte han pasado inumerables artistas; desde aquellos que se ven en las películas hasta los que no se ven pasando por los extras que suelen pasar inadvertidos. 

La industria tuvo una mágnifica época dorada donde se hacían grandes películas, sencillas y adorables donde quienes importaban eran los protagonistas y su trama. Todo lo demás eran añadidos que hacían de la obra una buena realidad. 

Y durante esta etapa han pasado actores y actrices pero también grandes estrellas del cine que no solo destacaban en sus papeles sino fuera de cámara en su forma de ser y en su forma de actuar. Y sin embargo da la sensación que esas personas están desapareciendo. No percibo en la industria de ahora lo que veo en el cine de antes. 

Las generaciones cambian y nunca serán iguales a sus predecesores sin embargo el cine cambió para convertirse en un simple mecanismo monetario más. Se hacen películas para entretener y de vez en cuando alguna que emociona con vidas desgraciadas que generalmente suelen acabar mal.

Y la sociedad actual poco a poco va olvidando ese magnífico cine que parece quedarles tan lejos y desfasado con decorados que se ven que son decorados, personajes con los que no se ven reflejados y actitudes que ya no corresponden con la actualidad. 

Llamamos a ese cine, cine clásico pero deberia llamarse cine eterno. Películas que todas las personas deberían ver alguna vez en la vida, actores y actrices que no pueden caer en el olvido por sus magnificas actuaciones y por su excelente actitud y forma de ser. Todo el mundo debería conocer a Audrey Hepburn no solo por sus papeles en las películas sino conocer su historia porque tiene mucha importancia para entender su papel en Unicef y en su ayuda al mundo para convertirlo en un lugar mejor.

Y no solo aquellos que salen en la pantalla son importantes sino otra celebridad como Alfred Hitchcock, un director que para la gran mayoría de personas fue uno de los más grandes directores de cine de misterio y de los más influyentes para la formación de lo que se denomina cine moderno. Uno de los más grandes artistas del cine.  

Para no perder el rumbo en este arte deberiamos recordarles y tenerles en mente al hacer películas y recuperar la tradición de hacer bellas películas y no de hacer a las películas bellas. 

martes, 9 de septiembre de 2014

Decadencias musicales

El panorama musical ha cambiado enormemente desde que la música se inició con los primeros seres humanos que no eran más que simples sonidos o golpes. Y los instrumentos musicales también han evolucionado; al principio solo existía la voz y de la nada aparecieron todos esos que nos hacen emocionar y viajar a mundos en los que el silencio no es más que un interludio a algo superior. 

Pero querría centrarme más en la música vocal. Antes, y esta es mi visión histórica, la voz tenía un papel protagonista en el o la cantante. No había herramientas que arreglasen las voces y ni siquiera grabaciones que viajaran por todo el mundo. Para oírle solo podía ser en directo. Pero luego empezaron a aparecer los discos y la música se universalizó alcanzando los lugares más recónditos donde un artista no iría nunca a cantar. Culturizó por lo tanto a la especie humana.

Sin embargo con los años se ha desprestigiado este arte. Ahora ya no importa tanto el cómo cantes sino el cómo actúes. Aún quedan buenos cantantes en el panorama musical, con buenas voces, que emocionan y transmiten y que en directo suenan igual que en grabaciones. Pero otros artistas son simplemente un muñeco de mercado basado en un gran carisma y en una voz que no sobrepasa a la media. Y sus espectáculos son tan buenos que todo lo demás parece no ser relevante. 

Bajo mi punto de vista los mejores cantantes son y serán los cantantes líricos, aquellos que actúan en la ópera. Su espectáculo se basa en contar una historia y emocionar al público y realmente siempre lo consiguen. Sin embargo son los menos conocidos. Ya han sido bastantes las ocasiones de encontrarme con gente que no conoce a Plácido Domingo, Lucciano Pavarotti o Maria Callas por ejemplo entre otros muchos que merecerían mención como Ruthie Henshall o Lea Salonga, ambas de "Los miserables" que es menos importante pero con una voz maravillosa también. Que esas personas no los hayan escuchado me preocupa porque no solo se están perdiendo grandes voces sino criterio para escoger a quienes escuchar.

La música cotidiana denominada pop se ha difuminado convirtiéndose simplemente en canciones medianamente cantadas pero cuyos cantantes son todo carisma y nada de don musical. Su interés, por parte del representante y compañía, es utilizarlo como herramienta para enriquecerse. De esta forma son este tipo de personas que desprestigian y corrompen el verdadero arte del cante o de la música que debe estar representado por gente que en realidad sí son artistas. 

Cuantas veces he visto gente con voces excepcionales que son aplaudidas y admiradas en concursos busca talentos pero que una vez acaba éste se quedan en la estacada pues su utilidad no va más allá de su carisma puntual. Y luego su personalidad o respuesta del público le imposibilita transmitir su música, que estoy seguro que podría emocionaría a miles de personas. Porque antes una voz sola, sin nada más, llenaba un escenario, ahora la voz es lo que menos importa. Desgraciadamente. 

Por suerte de vez en cuando aparece en este tipo de música grandes voces como Whitney Houston, Barbra Streisand, Adele, Frank Sinatra, Elvis Presley entre otros que realmente no necesitan más que un micrófono y una orquesta acompañante para emocionar. 

Un artista, y en este caso cantante, no se puede enorgullecer de llenar un estadio si en ese mismo lugar no logra, solamente con su voz, emocionar a todo el público. Es en ese momento que puede llamarse, a si mismo, artista.  

viernes, 5 de septiembre de 2014

Lucha entre la razón del cerebro y la razón del corazón.

El cerebro está completamente diseñado para evitar situaciones peligrosas y lograr sobrevivir incluso en los momentos de mayor debilidad. No razona, no siente emociones, es una herramienta lógica que busca la mejor solución en cada momento. 

Gran parte de nuestro tiempo en el que estamos conscientemente vivos nos criticamos a nosotros mismos por no lograr entender que sucede en su interior. Sin embargo no nos damos cuenta que somos dos en un mismo cuerpo. La parte lógica que busca sobrevivir y la parte sentimental que razona y busca experimentar en el mundo. 

La extraña evolución, que nos ha llevado hasta el punto de darnos cuenta de esto, también nos ha puesto en una difícil situación porque aún no hemos llegado al punto en el que nuestro cerebro sea completamente nuestro pues aún nos dejamos guiar, sea eso bueno o malo, hacia situaciones lógicas. Quién mejor que él en obligarnos a tomar decisiones que no supongan ningún cambio en la vida.

La vida se basa en cambios y quien no cambia es porque tiene miedo a hacerlo. El miedo es la forma sensitiva de percibir lo que el cerebro lógico nos tiene que decir. Nos informa que esa decisión no es segura, que ese posible futuro que imaginamos es inviable o que esa decisión que vamos a tomar será negativa. Al fin y al cabo el cerebro está basado en suposiciones negativas. No le interesa ser positivo pues un animal positivo es un animal confiado y un animal confiado es un animal sentenciado. 

El ser humano no necesita  estar alerta de los peligros que nos rodean pues ya no tenemos predadores que nos quieran cazar, es una nueva forma de actuar. Ahora mismo confluyen esas dos zonas del cerebro; la que cree que siempre estamos en peligro y por lo tanto debemos evitar los cambios y seguir el camino que históricamente es más seguro, basado en recuerdos y luego la parte que se basa en el raciocinio. Esta nueva versión se guía por impulsos, por metas y oportunidades y es el antagonista perfecto del anterior. Es una lucha que todos tenemos y en la que, en un momento de debilidad el vencedor será la mente lógica. 

La mente lógica es, además, algo más que números o hechos. Es el abogado que logrará convencernos que su punto de vista es el único y el más correcto logrando inhibir nuestras emociones y nuestros intereses. Es capaz de, con el objetivo de evitar una situación, buscar en los recuerdos pequeños detalles que utilice a su favor como consecuencias o excusas por las cuales esa decisión provocará un perjuicio. 

Sin embargo esta parte de nuestro cerebro olvida que no es el único que participa en esta toma de decisiones. Como dijo Blaise Pascal "El corazón tiene razones que la razón no entiende". Son esas razones las que nos puede llevar a una perspectiva mucho más amplia del mundo viendo que aquello que parecían pistas de nuestro error no es simplemente que una venda ilusoria cuyo objetivo es no enfrentarse a ningún cambio a mantenerse estable y a salvo.

Siempre en nuestras decisiones vamos a tener ese conflicto, siempre dudaremos en si tomamos la mejor decisión sin embargo el mundo del ser humano dejó de ser lógico hace mucho tiempo para empezar a guiarse por emociones. Ahora son ellas las que nos empujan a alcanzar la mejor versión de nosotros mismos siempre y cuando no olvidemos que parte de nuestros miedos provienen también de lo más profundo del corazón y es ahí, si la mente lógica logra entrar, donde habrá un conflicto en el que solamente tu lucha interna entre ellos dos logrará redimir los miedos que almacenamos. Al menos hasta la siguiente contienda.