miércoles, 28 de enero de 2015

Charlie Hebdo, la doble moral de la realidad

Ante todo decir que es una desgracia, en cualquier circunstancia, lo que sucedió en París el 7 de enero de 2015. Sin embargo empecemos por el principio para entender el final. Charlie Hebdo es un semanario satírico francés de ideología de izquierdas. La sátira, tal y como lo define la rae es un escrito cuyo objetivo es censurar acremente o poner en ridículo a alguien o algo. Por lo tanto nos encontramos en la primera gran encrucijada. La libertad de expresión es un derecho que nos pertenece a todos pero no se puede justificar cualquier hecho a dicho derecho. A diferencia de otros géneros literarios su objetivo final no es simplemente hacer reír sino atacar inteligentemente a una realidad que el autor, o el seminario en este caso, no comparte y que además desaprueba. Y estas publicaciones pueden estar justificadas en la mayoría de los casos pero hay situaciones que hay que mantenerse en un lugar apartado. 

La burla a dioses o ideologías son temas muy delicados siendo, en el caso de muchas personas ese ataque se convierte en una afrenta y necesita ser devuelto y no hay que olvidar que la sociedad humana hace menos de 100 años se seguía matando y enfrentando por temas que hoy en día podrían parecer impensables. Comparto que la sátira es un medio de expresión de una riqueza inmensa pero que en muchos casos se falta al respeto de las personas que las sufren y estoy seguro que cualquiera de ellas, que defiende la libertad de expresión, si se siente difamada públicamente presentaría una denuncia frente a dicho semanario. Al menos para mi caso el honor y el respeto mutuo sigue siendo uno de los pilares fundamentales que se deberían de seguir fervientemente porque con ellos se consigue una sociedad más fiel a sí misma y con menos corrupción. Pero no hay que confundir el respeto con la ingenuidad. Todos faltamos al respeto en alguna ocasión queriendo o sin querer, pero de la misma forma que yo me enfrentaría con el dialogo o con la justicia hay otras personas que prefieren el uso de armas y el sacrificio personal. 

Jugar con los dioses de personas extremadamente creyentes o creyentes simplemente, que se encuentran en una situación entre guerras enfrentándose a todo el mundo por cualquier mísero detalle no es sensato. Burlarse de personas que están constantemente en lucha no es inteligente y por lo tanto el papel de la sátira se convierte en un arma de acción, que acaba y acabó en París en una reacción. Con esto no quiero decir que se les deba de tener miedo o no publicar nada satírico pero si éste es un género tan inteligente debería tener cordura y si se quiere enfrentar a dichas situaciones no se hagan desde el daño sino desde el respeto. Vi el otro día una imagen que no sé si se consideraría satírica pero que refleja lo que me refiero; no se trata de insultar sus creencias ni a Mahoma sino por ejemplo dar a entender que lo que están haciendo no se corresponde con lo que dice su dios. La imagen describía una conversación entre Dios y Alá (o Mahoma, no lo recuerdo), con este último quejándose de que lo que está sucediendo no es lo que él dice o lo que quiere transmitir y Dios añade posteriormente, con una palmada en la espalda, que lo entiende, que a todos nos pasa lo mismo. Para mí, éste es un humor sensato, respetuoso pero con crítica a lo que está sucediendo sin humillar las creencias de otras personas. 

Por lo tanto esto nos hace reflexionar hasta qué punto la sátira, o lo que realiza Charlie Hebdo,  es beneficioso para nuestra libertad de expresión o mejor dicho si en la sátira esta todo justificado y es permisible atacar, o mejor dicho, expresar la opinión burlesca de absolutamente todo lo que nos rodea. No soy capaz de dar una respuesta, nadie debería ser capaz de defender únicamente uno de los dos bandos porque los beneficios de la sátira tales como hacer reír o ver la perspectiva actual desde otro punto de vista se vuelve una arma negativa de daño a las creencias y al honor de las personas porque no hay que olvidar que Mahoma o Alá no pertenece exclusivamente a los yihadistas sino a todos los musulmantes que creen en él y en el Corán. Al burlarte de su dios vulneras la obligación que tienes, como persona de respeto al prójimo por sus creencias. Pero de nuevo quiero recordar que condeno y no justifico lo sucedido pero nos podría venir bien para reflexionar lo que hacemos y cómo podemos mejorar a partir de ahora, no mantenernos como antes cometiendo los mismos errores una y otra vez. El orgullo y la irreflexión no son, en este caso, un ejemplo a seguir. 

domingo, 14 de septiembre de 2014

Audrey Hepburn, Alfred Hitchcock o la máxima calidad del cine clásico.

El cine ha cambiado enormemente desde que comenzó un 28 de diciembre de 1895. Por este arte han pasado inumerables artistas; desde aquellos que se ven en las películas hasta los que no se ven pasando por los extras que suelen pasar inadvertidos. 

La industria tuvo una mágnifica época dorada donde se hacían grandes películas, sencillas y adorables donde quienes importaban eran los protagonistas y su trama. Todo lo demás eran añadidos que hacían de la obra una buena realidad. 

Y durante esta etapa han pasado actores y actrices pero también grandes estrellas del cine que no solo destacaban en sus papeles sino fuera de cámara en su forma de ser y en su forma de actuar. Y sin embargo da la sensación que esas personas están desapareciendo. No percibo en la industria de ahora lo que veo en el cine de antes. 

Las generaciones cambian y nunca serán iguales a sus predecesores sin embargo el cine cambió para convertirse en un simple mecanismo monetario más. Se hacen películas para entretener y de vez en cuando alguna que emociona con vidas desgraciadas que generalmente suelen acabar mal.

Y la sociedad actual poco a poco va olvidando ese magnífico cine que parece quedarles tan lejos y desfasado con decorados que se ven que son decorados, personajes con los que no se ven reflejados y actitudes que ya no corresponden con la actualidad. 

Llamamos a ese cine, cine clásico pero deberia llamarse cine eterno. Películas que todas las personas deberían ver alguna vez en la vida, actores y actrices que no pueden caer en el olvido por sus magnificas actuaciones y por su excelente actitud y forma de ser. Todo el mundo debería conocer a Audrey Hepburn no solo por sus papeles en las películas sino conocer su historia porque tiene mucha importancia para entender su papel en Unicef y en su ayuda al mundo para convertirlo en un lugar mejor.

Y no solo aquellos que salen en la pantalla son importantes sino otra celebridad como Alfred Hitchcock, un director que para la gran mayoría de personas fue uno de los más grandes directores de cine de misterio y de los más influyentes para la formación de lo que se denomina cine moderno. Uno de los más grandes artistas del cine.  

Para no perder el rumbo en este arte deberiamos recordarles y tenerles en mente al hacer películas y recuperar la tradición de hacer bellas películas y no de hacer a las películas bellas. 

martes, 9 de septiembre de 2014

Decadencias musicales

El panorama musical ha cambiado enormemente desde que la música se inició con los primeros seres humanos que no eran más que simples sonidos o golpes. Y los instrumentos musicales también han evolucionado; al principio solo existía la voz y de la nada aparecieron todos esos que nos hacen emocionar y viajar a mundos en los que el silencio no es más que un interludio a algo superior. 

Pero querría centrarme más en la música vocal. Antes, y esta es mi visión histórica, la voz tenía un papel protagonista en el o la cantante. No había herramientas que arreglasen las voces y ni siquiera grabaciones que viajaran por todo el mundo. Para oírle solo podía ser en directo. Pero luego empezaron a aparecer los discos y la música se universalizó alcanzando los lugares más recónditos donde un artista no iría nunca a cantar. Culturizó por lo tanto a la especie humana.

Sin embargo con los años se ha desprestigiado este arte. Ahora ya no importa tanto el cómo cantes sino el cómo actúes. Aún quedan buenos cantantes en el panorama musical, con buenas voces, que emocionan y transmiten y que en directo suenan igual que en grabaciones. Pero otros artistas son simplemente un muñeco de mercado basado en un gran carisma y en una voz que no sobrepasa a la media. Y sus espectáculos son tan buenos que todo lo demás parece no ser relevante. 

Bajo mi punto de vista los mejores cantantes son y serán los cantantes líricos, aquellos que actúan en la ópera. Su espectáculo se basa en contar una historia y emocionar al público y realmente siempre lo consiguen. Sin embargo son los menos conocidos. Ya han sido bastantes las ocasiones de encontrarme con gente que no conoce a Plácido Domingo, Lucciano Pavarotti o Maria Callas por ejemplo entre otros muchos que merecerían mención como Ruthie Henshall o Lea Salonga, ambas de "Los miserables" que es menos importante pero con una voz maravillosa también. Que esas personas no los hayan escuchado me preocupa porque no solo se están perdiendo grandes voces sino criterio para escoger a quienes escuchar.

La música cotidiana denominada pop se ha difuminado convirtiéndose simplemente en canciones medianamente cantadas pero cuyos cantantes son todo carisma y nada de don musical. Su interés, por parte del representante y compañía, es utilizarlo como herramienta para enriquecerse. De esta forma son este tipo de personas que desprestigian y corrompen el verdadero arte del cante o de la música que debe estar representado por gente que en realidad sí son artistas. 

Cuantas veces he visto gente con voces excepcionales que son aplaudidas y admiradas en concursos busca talentos pero que una vez acaba éste se quedan en la estacada pues su utilidad no va más allá de su carisma puntual. Y luego su personalidad o respuesta del público le imposibilita transmitir su música, que estoy seguro que podría emocionaría a miles de personas. Porque antes una voz sola, sin nada más, llenaba un escenario, ahora la voz es lo que menos importa. Desgraciadamente. 

Por suerte de vez en cuando aparece en este tipo de música grandes voces como Whitney Houston, Barbra Streisand, Adele, Frank Sinatra, Elvis Presley entre otros que realmente no necesitan más que un micrófono y una orquesta acompañante para emocionar. 

Un artista, y en este caso cantante, no se puede enorgullecer de llenar un estadio si en ese mismo lugar no logra, solamente con su voz, emocionar a todo el público. Es en ese momento que puede llamarse, a si mismo, artista.